La leyenda de Batiste

Cuenta la leyenda que un Labrador llamado Batiste fue el que guió a los Reyes Magos camino de Belén, donde se decía que había nacido el hijo de Dios. Melchor, Gaspar y Baltasar, agradecidos con él, le hicieron un regalo: una caja con semillas de un árbol desconocido en aquel momento, el naranjo.

Batiste plantó el árbol, que creció y dio frutos. Pero aquellas primeras naranjas eran amargas y no se podían comer. Batiste se puso triste porque pensaba que se haría rico y renegó Dios. Una noche se le apareció un ángel que le dijo:

«Batiste, has sido un buen hombre, pero ahora tu avaricia te ha desviado de la senda de la virtud y la fe. Por esta razón, el Altísimo ha decidido que hasta dentro de 2.000 años estas frutas no serán bastante buenas, de hecho, serán deliciosas, y, en una muestra de la misericordia divina, la gente las podrá recibir en su casa sin tener que ir al mercado».

Y Batiste comprendió que, ante la inmensidad de esa revelación, lo único que podía hacer es cultivar cereales y envidiar a los que, dos milenios más tarde, podrían comer esas frutas tan maravillosas.